| 2003 | Nº 2 |
| NOTA DE PRENSA |
El pasado 3 de agosto el periódico “ LAS PROVINCIAS”, publicó un artículo titulado SEGUROS para todo, para el cual entrevistaron a nuestro Presidente D. Bernardo Bonet. El mismo decía lo siguiente: ¿ Y si lo imprescindible se pudiera asegurar?. Imaginen que
una pista de esquí no tiene suficiente nieve, ¿la estación
puede cerrar sin tener pérdidas?. Y hablando de pérdidas,
¿qué pasaría si David Beckham sufriera una grave
lesión en una de sus piernas?. ¿El deportista puede seguir
ganando dinero sin jugar? ¿Y el club? ¿Entraría
en crisis o simplemente una de sus estrellas se saldría de su
constelación?. A lo largo de la historia de los seguros ha habido pólizas que han causado gran extrañeza, como la de una conocida actriz, cuyo nombre siempre se ocultó, que pretendía asegurar su virginidad. Por supuesto, la respuesta de la entidad fue no menos clara. No podían asumirla porque era un bien sometido a un alto riesgo. En los 80, el cuerpo de Bo Derek ya se aseguró por un millón de dólares. La moda del boys, boys, boys catapultó a la italiana Sabrina a la fama, quien puso precio a sus voluptuosos encantos: 500.000 dólares. Similar cifra reflejaba el seguro de Samantha Fox. También los Beatles tenían cubiertas las espaldas. Si alguno de ellos fallecía en pleno apogeo de su carrera, sus viudas recibirían la nada despreciable cifra de 250 millones de dólares. Cantantes, modelos y deportistas son los que contratan en mayor medida estas pólizas. De hecho Tina Turner calculó el valor de sus cuerdas vocales y le puso precio, ocho millones de dólares. La cobertura de David Beckham o de cualquier otro astro del fútbol seguro que va seguida de un número con muchos ceros. Las pólizas no son productos modernos, su origen está en la época de los faraones
De apuestas a pólizas Los seguros maduraron en el siglo XVIII, al mismo tiempo que lo hacían las botellas de vino y las pintas de cerveza en las tabernas del puerto de Londres. En esos lugares se reunían personas adineradas para practicar uno de los mayores juegos de Inglaterra: Las apuestas. Estas personas hacían estimaciones y calculaban las posibilidades que tenía cada barco de llegar con éxito a su destino. En caso de que el barco fuera absorbido por las frías aguas del océano Atlántico, estos opulentos gentelmen se comprometían a firmar un pacto de caballeros para indemnizar al armador o al propietario de unas mercancías que nunca saldrían de las bodegas. Si el barco no tenía problemas, en las tabernas sonaba una campana que marcaba el inicio de una gran fiesta para celebrar que se había ganado la apuesta. Pero las aseguradoras se modernizaron y recurrieron a la ciencia para calcular las probabilidades de éxito o fracaso. Esto hizo que las cálidas tabernas londinenses fueran abandonadas y que la campana dejara de sonar y se convirtiera en una reliquia de una de las mayores compañías aseguradoras del mundo, la Lloyds. Tanto en el siglo XVIII como en la actualidad, los piratas son una fuente de reclamo para contratar seguros, pero también pueden ser un quebradero de cabeza para las compañías si éstos triunfan, ya que las empresas deberán de pagar cifras millonarias si la nueva bandera negra con forma de virus logra ser izada en el sistema informático de una gran multinacional. Sin embargo, no hace falta ser el dueño de una gran multinacional para hacerse con seguros singulares. Bernardo Bonet comenta el caso de los animales peculiares, ya sean sementales, galgos de competición o un mono con gracia de algún circo importante. Los espectáculos también son un negocio y la organización de cualquier acontecimiento importante tiene controlados todos los detalles, incluso si el espectáculo se debe suspender por algún tipo de contratiempo, ya sea meteorológico o por enfermedad de alguno de los artistas. En estos casos. En estos casos las aseguradoras son las encargadas de atenuar las posibles pérdidas. Dinero por resultados Es en el mundo del deporte donde las aseguradoras encuentran a buena parte de sus clientes. No es raro escuchar al principio de la temporada futbolística que el presidente de un club ofrece primas a sus jugadores por conseguir un determinado puesto en la clasificación o ganar algún trofeo. Tras este ofrecimiento hay todo un trabajo estadístico, en el que la compañía aseguradora debe analizar la evolución del club, comparándola con equipos de similar nivel. Dependiendo de la expectativas y de la trayectoria del equipo, la aseguradora cobrará una póliza más cara o más barata. En el ámbito deportivo también es curiosa la postura
que toman los gobiernos de algunos países cuando se acercan las
Olimpiadas. Unos meses antes de esta competición, algunos gobiernos
ofrecen un plus económico a sus atletas por conseguir un número
determinado de medallas, calculando la probabilidad de que los deportistas
de su país consigan un número superior a la media. Ahí
entran en acción las aseguradoras, que pagan los metales que
sobrepasan esa media calculada exhaustivamente. Sin embargo, las grandes
rentabilizadoras son siempre las aseguradoras, ya que mantienen contratos
similares con otros países, por lo que, independientemente de
quien gane más medallas, ellos siempre colgarán la de
oro. |